El leproso
DOI:
https://doi.org/10.47196/wg6b3s97Palabras clave:
lepraResumen
Fue un personaje; viajes a la capital, miga con ricachos y con ministros. ¡Oh, nada de política! Estaba con todos los partidos, a medida que ocupaban el poder. El jefe y el juez eran suyos. A propósito: se me olvidaba decir que don Onofre padecía de lepra.
La lepra. Lepra. Don Onofre masticaba este nombre pavoroso. Lo veríais en el lento temblor de sus mandíbulas salientes. Veríais en sus iris felinos, turbios, empañados de pronto por un humo fugaz, el horror de las úlceras descubiertas a solas, atrancadas las puertas. Su ropa, cosida hasta la nuez, era un saco de inmundicia cerrado y sellado como el cofre de un avariento. Y la bestia subía, se enroscaba en la nuca. Don Onofre anhelaba algo parecido a decapitarse. Al cabo, la lepra sacó la garra por el cuello y apresó el rostro.
Referencias
I. Barrett R. El leproso. En: Barrett R. El dolor paraguayo. 2º ed. Caracas: Biblioteca Ayacucho; 1987:182-184.
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