El leproso

Autores/as

  • Sergio Gabriel Carbia Hospital General de Agudos José María Penna, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
  • Roberto Glorio Hospital General de Agudos José María Penna, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

DOI:

https://doi.org/10.47196/wg6b3s97

Palabras clave:

lepra

Resumen

Fue un personaje; viajes a la capital, miga con ricachos y con ministros. ¡Oh, nada de política! Estaba con todos los partidos, a medida que ocupaban el poder. El jefe y el juez eran suyos. A propósito: se me olvidaba decir que don Onofre padecía de lepra.

La lepra. Lepra. Don Onofre masticaba este nombre pavoroso. Lo veríais en el lento temblor de sus mandíbulas salientes. Veríais en sus iris felinos, turbios, empañados de pronto por un humo fugaz, el horror de las úlceras descubiertas a solas, atrancadas las puertas. Su ropa, cosida hasta la nuez, era un saco de inmundicia cerrado y sellado como el cofre de un avariento. Y la bestia subía, se enroscaba en la nuca. Don Onofre anhelaba algo parecido a decapitarse. Al cabo, la lepra sacó la garra por el cuello y apresó el rostro.  

Biografía del autor/a

  • Sergio Gabriel Carbia, Hospital General de Agudos José María Penna, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

    Servicio de Dermatología, Director de la Carrera de Especialistas en Dermatología, Universidad de Buenos Aires (UBA)

  • Roberto Glorio, Hospital General de Agudos José María Penna, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

    Servicio de Dermatología, Profesor regular adjunto en Dermatología

       

Referencias

I. Barrett R. El leproso. En: Barrett R. El dolor paraguayo. 2º ed. Caracas: Biblioteca Ayacucho; 1987:182-184.

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Publicado

2026-07-16

Número

Sección

La Piel en las Letras